Columna: «8M 2021, Sigamos Avanzando Juntas»

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Por Lorenna Saldías Yáñez.

En el contexto de la conmemoración del 8 de marzo, seguimos confinadas y esperanzadas. Estamos en un momento de reivindicación histórica y de profundización de la democracia, ya que mujeres y hombres estarán representados en igual proporción en el órgano que va a definir el pacto social asociado a la nueva Carta Magna. Esto es positivo, ya que en el marco general de nuestra historia política, las mujeres han sido excluidas, y por tanto, sus visiones y necesidades no se ven reflejadas en las decisiones país.

Bajo esta misma mirada, y cuando queda casi menos de un mes para la elección de constituyentes, es también positivo marcar que será la primera convención constitucional paritaria en el mundo. Muchos sectores se preguntarán, ¿Por qué seguir luchando?, y quizás la respuesta está en lo que ha sucedido en prácticamente este año de pandemia. El hecho de estar muchas veces confinadas ha agudizado otra pandemia silenciosa y dolorosa, y que atenta directamente contra las mujeres y niñas, que es la violencia de género.

El Estado debe garantizar y asegurar una vida libre de violencia para las mujeres, lo que se debe traducir en la obligatoriedad de suscribir las convenciones internacionales como la Cedaw y Belém do Para. Se necesita seguir trabajando en el derecho y a un efectivo acceso a la justicia sin sesgos ni discriminaciones. Se requiere, asimismo, la tutela efectiva de derechos con perspectiva de género. Se hace ver con sentido de urgencia el rol activo del Estado que adopte medidas que aseguren la prevención, investigación, sanción y reparación de la desigualdad y la violencia contra las mujeres como un problema público y prevalente, no como un problema privado y de responsabilidad de la víctima.

En los últimos meses se ha hablado de una suerte de “remontada” en términos de generación de empleos (se perdieron aproximadamente dos millones), sin embargo, estos nuevos puestos laborales han sido principalmente abordados por hombres. Las mujeres se encuentran en mayor medida fuera de la fuerza del trabajo y realizando labores domésticas, razón por la cual, aunque trabajen todo el día, no reciben una remuneración por la ocupación que llevan a cabo.

En consecuencia a lo anterior, las mujeres no forman parte de las estadísticas sociales ni laborales y no aparecen como ocupadas, pues para serlo, hay que trabajar de forma remunerada. Toda esta situación nos golpea y le resta valor a una parte muy importante de un trabajo que es socialmente indispensable para que Chile funcione. El trabajo doméstico como actividad productiva fue medido entre las horas semanales de trabajo doméstico no remunerado entre hombres y mujeres, y de contabilizarlos tendrían un aporte de un 22 % al PIB nacional.

Si analizamos con detención, estos dos aspectos que he desarrollado muy sucintamente dependen de cambios culturales, pero también de voluntad política, es decir, alguien que recoja el guante y con decisión empuje este carro hacia la dirección correcta. Pareciera que el aparataje estatal está congelado. Las personas necesitan ayuda y colaboración principalmente antes, no después. Las políticas públicas siguen estando al debe.

Este 8 de marzo conmemorativo nos sirve para reflexionar y pensar que se ha avanzado gracias a los movimientos de mujeres. El constructo ideológico cambió, pero como tarea nos queda mucho por caminar hacia una sociedad más justa que plasme la igualdad sustantiva y no solo declarativa entre los géneros; que termine con la visión binaria y que avance en los distintos ámbitos de la vida.

Estoy convencida, dada mi trayectoria en el servicio público y mi profesión ligada a la temática social, comunicacional, y siendo parte de los movimientos de mujeres desde hace 20 años, que se puede prosperar más y apurar el tranco con acciones concretas, pero esto tiene directa injerencia por quienes estén tomando las decisiones. A no bajar los brazos porque aún nos queda mucho por recorrer. Dicen que la persistencia es una virtud, y por tanto, seguiremos movilizadas.

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