Columna: El virus que lo cambió todo.

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Por Bernardo Berger Fett, diputado.

Le di muchas vueltas a la idea de escribir esta columna. Y es que sobre la pandemia desatada por el Covid-19 que enfrenta el mundo pareciera estar todo dicho.

Si el lector me permite la licencia, quisiera referirme modestamente a algunas reflexiones que he venido madurando, que pueden resultar interesantes, que caminan al margen de la coyuntura clínica, y que apuntan más hacia lo social y lo humano.

El Coronavirus, un extraordinariamente pequeño microorganismo, ha sido capaz de poner al mundo de rodillas y devolvernos la conciencia, al menos por un rato, sobre la fragilidad humana, la interdependencia de nuestras comunidades, de las relaciones personales y sociales, y de los efectos de nuestros actos en los demás.

También, nos obliga a abrir los ojos y discernir cuáles son las cosas verdaderamente importantes de la vida, de las agendas personales, colectivas y nacionales, y cuáles pueden esperar. En tal sentido quiero detenerme en lo que ha pasado en Chile, donde ha sido necesaria una tregua tácita en el enfrentamiento y la convulsión social que nos ahogaba, para luchar por la salud y la vida propia y de nuestros compatriotas.

Redobla la importancia del llamado a la generosidad y la empatía. Hay temas que necesariamente deben esperar: el plebiscito, las reformas constitucionales, las marchas. Hay otros que requieren la atención prioritaria: la operatividad de la red sanitaria, la seguridad durante el estado de excepción, el abastecimiento.

No estamos ajenos a la falta de criterio, sentido común o indiferencia de quienes aún no ponderan la gravedad de no respetar las medidas para evitar la propagación del virus. Tampoco, a la crítica irresponsable que no contribuye a superar la crisis. Sin embargo, las medidas que se han venido adoptando desde lo público han sido pertinentes, oportunas y acertadas, teniendo en consideración que nadie, ningún país, ningún gobierno –repito, nadie- está preparado para algo de esta magnitud.

Superar la pandemia no será rápido ni fácil. Está exigiendo enormes sacrificios. La paralización necesaria de la actividad productiva está trayendo un alto costo para cientos de miles de compatriotas. Por eso mi llamado es a extremar la solidaridad con quienes son las otras víctimas de esta crisis, no los contagiados, sino quienes lo están perdiendo todo en el aislamiento social. Necesitaremos de esa solidaridad y tesón cuando llegue el momento de reactivar Chile.

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